Mural de Manuel
Antes de llegar a Varadero hay un muro pintado, un gran rompecabezas de mosaico rodeado de mar como una isla. Sus imágenes sacadas de algún punto ciego de nuestra memoria, flotan. Una sirena cobriza, de raza nueva, nada en estas aguas junto a la mantarraya, el majá, los peces y la morena.
Al centro, como resguardada, la casa provinciana de tejas y vitral, y la vegetación de un patio donde revolotea el zunzún y sube por una palma el conejo... un machete, una guitarra... dos aves mitológicas que se disparan en direcciones opuestas, un gallo y un pavoreal.
Abajo, diciendo adios la misma sirena, un pulpo, los peces y una tortuga que trae inscritas sobre su carapacho las claves de nuestra identidad.




